Puertas

En una actuación de rehabilitación energética no solo hay que pensar en fachadas y ventanas. Las puertas también influyen en el confort, el consumo energético y la accesibilidad de un edificio público. Diferenciar entre exteriores e interiores ayuda a priorizar las intervenciones más relevantes.

Puertas exteriores

Las puertas que comunican con el exterior son puntos sensibles de pérdidas energéticas, por lo que deben ser objeto de atención prioritaria. Existen diferentes tipologías (batientes, correderas, giratorias, automáticas…), cada una adecuada según el uso del edificio y el flujo de personas. Las más utilizadas en edificios públicos suelen ser:

Puertas batientes: clásicas y versátiles, con posibilidad de incorporar acristalamiento aislante.

 

Puertas correderas automáticas: frecuentes en accesos con gran afluencia de público. Para mejorar su comportamiento energético, se recomienda instalar sistemas con cierre hermético y dobles esclusas de entrada.

 

Puertas giratorias: reducen notablemente las infiltraciones de aire y evitan corrientes, lo que las hace muy adecuadas en edificios con tráfico intenso.

 

En todos los casos, la clave está en que las puertas exteriores ofrezcan:

  • Aislamiento térmico y acústico

    Mediante marcos con rotura de puente térmico y paneles o vidrios de altas prestaciones.

  • Estanqueidad al aire

    Para reducir filtraciones no deseadas.

  • Accesibilidad universal

    Accesibilidad universal y facilidad de uso, cumpliendo normativa.

Puertas interiores

Tienen un impacto menor en la eficiencia energética, pero juegan un papel en la sectorización de zonas climatizadas y no climatizadas. Por ejemplo, separar vestíbulos no acondicionados de oficinas o salas habitables. Además, pueden contribuir a la acústica del edificio o a la seguridad contra incendios, aunque en rehabilitación energética suelen requerir menos intervención que las exteriores.

Digitalización y control

En edificios públicos, cada vez es más habitual integrar sistemas de control de accesos y sensorización. Estos permiten automatizar la apertura y cierre, gestionar flujos de personas y, en algunos casos, reducir pérdidas energéticas mediante aperturas inteligentes vinculadas a la climatización.